Mayte es abogada mercantilista en A Coruña. Cuando me contactó, lo tenía claro: quería un curso de ChatGPT. Había oído hablar de ChatGPT, sabía que otros despachos lo estaban usando, y quería aprender a usarlo ella también.
Lo primero que le dije fue: la IA no es ChatGPT.
El error de confundir la herramienta con la habilidad
ChatGPT es un producto de OpenAI. Es uno de los muchos modelos de lenguaje (LLMs) que existen. Hay otros: Claude (de Anthropic), Gemini (de Google), Mistral, Llama… Cada uno tiene fortalezas diferentes. ChatGPT es el más conocido porque fue el primero en llegar al público masivo, pero ser el más conocido no significa ser el mejor para todo.
Para trabajo jurídico — donde necesitas precisión en el lenguaje, análisis de textos largos, razonamiento sobre casos complejos y redacción rigurosa — Claude funciona especialmente bien. Pero eso tampoco es lo importante. Lo importante no es qué herramienta usas, sino cómo le hablas.
Y ahí es donde la mayoría de abogados que prueban la IA se frustran y la abandonan. Hacen una pregunta genérica, reciben una respuesta genérica, y concluyen que «la IA no sirve para derecho». No: lo que no sirve es hablarle a un modelo de lenguaje como si fuera Google.
«Eso del prompting es muy difícil, no tengo tiempo»
Cuando le expliqué a Mayte que lo verdaderamente importante era aprender a construir buenos prompts — instrucciones estructuradas con contexto, rol, tarea, formato y objetivo — su reacción fue la que veo en casi todos los profesionales: «Eso es muy difícil. Yo no tengo tiempo para aprender eso».
Y la entiendo. Un abogado mercantilista tiene el día lleno de contratos, consultas, plazos, clientes. No va a dedicar horas a estudiar ingeniería de prompts. Ni tiene por qué.
Entonces le hice una pregunta: ¿sabías que el mejor ingeniero de prompts es la propia IA?
El metaprompting: cuando la IA trabaja para ti antes de trabajar para ti
El metaprompting es usar la IA para mejorar tus propias instrucciones a la IA. Suena circular, pero es tremendamente práctico.
Le enseñé a Mayte a «programar» ChatGPT (o Claude, o el modelo que use) con un prompt inicial que define un shortcode. Por ejemplo: le dices al modelo que cuando escribas $P delante de cualquier texto, automáticamente lo transforme en un prompt profesional con los cinco elementos que lo hacen funcionar.
Esos cinco elementos son los que uso en todos mis cursos como estándar:
1. Rol: Quién quieres que sea la IA («Eres un abogado mercantilista con 20 años de experiencia en el sistema jurídico español»).
2. Tarea: Qué quieres que haga exactamente («Analiza este contrato de prestación de servicios e identifica cláusulas problemáticas»).
3. Contexto: La información relevante del caso (el sector, las partes, la legislación aplicable, los antecedentes).
4. Objetivo: Para qué necesitas el resultado («Necesito preparar una reunión con el cliente donde explique los riesgos del contrato»).
5. Formato: Cómo quieres la respuesta («Preséntalo como una tabla con tres columnas: cláusula, riesgo identificado, recomendación»).
Con el metaprompting, Mayte no tiene que recordar nada de esto. Escribe «$P quiero revisar este contrato de distribución» y el modelo automáticamente le hace las preguntas necesarias para construir un prompt completo, o directamente transforma su petición en una instrucción estructurada.
Cuando lo vio funcionar, suspiró aliviada. Literalmente.
La diferencia entre un prompt de abogado y un prompt profesional
Te pongo un ejemplo real de los que trabajo en la formación. Imagina que necesitas preparar un interrogatorio a un perito en un caso de discriminación laboral.
Lo que hace la mayoría:
«Dame preguntas para interrogar a un perito en un caso de discriminación laboral»
Resultado: una lista genérica que podrías encontrar en cualquier manual. Inútil en la práctica.
Lo que enseño a hacer:
«Simula ser un abogado laboralista con más de 20 años de experiencia en casos de discriminación laboral. Se te ha asignado interrogar a un perito en recursos humanos en un caso de discriminación laboral por género. El perito afirma haber realizado un análisis objetivo de las políticas de empleo de la empresa. Tu misión es cuestionar la solidez de sus hallazgos desde una perspectiva crítica y garantista. Formula 15 preguntas incisivas que examinen: sus credenciales académicas y experiencia, la metodología utilizada en el análisis, cómo se garantiza la objetividad en sus conclusiones, la existencia de políticas alternativas que podrían indicar discriminación, y el grado real de certeza de sus conclusiones. Presenta las preguntas desde la perspectiva de la fiscalía.»
Mismo modelo. Misma herramienta. Resultado radicalmente diferente. La diferencia no está en la IA. Está en la instrucción.
Para qué usa un abogado la IA en el día a día (de verdad)
En la formación con Mayte trabajamos casos reales de su práctica. Estas son las aplicaciones que le resultaron más útiles y que hoy usa habitualmente:
Revisión y análisis de contratos. No para que la IA redacte el contrato final — eso sigue siendo trabajo del abogado. Sino para que identifique cláusulas problemáticas, inconsistencias entre secciones, lagunas legales o términos ambiguos. Lo que antes le llevaba una hora de lectura atenta, ahora lo tiene en minutos como primer filtro. Ella sigue tomando las decisiones.
Generación de borradores estructurados. Contratos de prestación de servicios, acuerdos de confidencialidad, pactos de socios. La IA genera un primer borrador basándose en las especificaciones del caso, y Mayte lo revisa, ajusta y personaliza. El tiempo de redacción se reduce drásticamente, y ella se centra en lo que aporta valor: la estrategia legal y los matices del caso concreto.
Análisis de jurisprudencia y doctrina. Cuando necesita encontrar sentencias relevantes o analizar cómo se ha interpretado un artículo concreto, la IA le ayuda a sintetizar, comparar y estructurar la información. No sustituye la base de datos jurídica, pero le ahorra horas de lectura y le ofrece ángulos que a veces no había considerado.
Preparación de interrogatorios y argumentación. Esto es lo que más le sorprendió. Pedirle a la IA que actúe como abogado de la parte contraria, que busque debilidades en tu argumento, que prepare preguntas incómodas para un perito. No para copiar las preguntas literalmente, sino para anticipar por dónde puede venir el ataque y prepararte mejor.
Equipos de trabajo virtuales. Una técnica avanzada que trabajamos: crear un «equipo» de personajes especializados dentro de la IA. Un fiscalista, un laboralista, un experto en compliance, un asesor financiero. Cada uno responde desde su perspectiva cuando le diriges la pregunta por su nombre. Para un abogado que trabaja solo o en un despacho pequeño, es como tener una mesa redonda de especialistas disponible las 24 horas.
Lo que la IA no hace (y lo que ningún curso serio debería prometer)
La IA no sustituye el criterio jurídico. No sustituye la experiencia de un abogado que lleva años en los juzgados. No verifica automáticamente si la jurisprudencia que cita es real — de hecho, a veces inventa referencias que suenan perfectas pero no existen. Y no entiende los matices de un caso de la forma en que lo hace un profesional que conoce al cliente, al juez y al contexto.
Lo que sí hace es multiplicar tu capacidad de trabajo. Con el prompting adecuado, un abogado puede en una mañana lo que antes le llevaba dos días. No porque la IA sea mágica, sino porque las tareas de análisis, síntesis, borrador y estructuración son exactamente lo que los modelos de lenguaje hacen bien — si les das las instrucciones correctas.
Mayte no se hizo experta en IA. Aprendió a usarla con criterio, con método y con los atajos adecuados para que no le quitara tiempo sino que se lo devolviera. Hoy tiene mucho más tiempo libre. Y lo usa para lo que realmente importa: pensar, asesorar y tomar decisiones que ninguna máquina puede tomar por ella.
Si eres abogado y estás pensando en esto
No necesitas un curso de ChatGPT. Necesitas entender cómo funcionan los modelos de lenguaje y aprender a hablarles bien. La herramienta da igual — lo que importa es el método.
Si quieres saber cómo podría funcionar en tu despacho o en tu práctica concreta, escríbeme. Te cuento lo que puedo hacer y lo que no — y si no encaja, te lo digo.


