Estudié filología germánica. Alemán. En Santiago de Compostela, con un año en Freiburg. Mi primer trabajo fue dar clases de alemán a estudiantes de secretariado bilingüe en un instituto de FP en Santiago. Corría 1996.
Ese mismo año descubrí internet. Y mi vida cambió.
No es una forma de hablar. Cambió de verdad. Vi lo que era una página web y entendí que eso iba a transformarlo todo. Así que hice lo que he hecho toda mi vida cada vez que algo me ha sacudido: meterme de cabeza a aprenderlo, probarlo y buscarle la aplicación práctica. Hice un máster en creación y comunicación digital en A Coruña. Mi proyecto final — Sinsentidos, una web experimental sobre la realidad de personas con discapacidad sensorial — acabó nominado a los premios IGAPE y expuesto en ARCO Electrónico en 2001. Tenía 31 años y estaba convencida de que lo digital podía cambiar las cosas.
Sigo convencida. Solo que ahora la herramienta es otra.
Los años en los que nadie sabía qué era UX
Entre 2000 y 2004 trabajé en Madrid en plena burbuja puntocom. Coordiné un departamento de diseño web de 7 personas haciendo e-commerce, portales B2B y aplicaciones online cuando la mayoría de las empresas españolas aún dudaban de si merecía la pena tener página web. Después fui consultora de experiencia de usuario en netdecisions, una empresa británica, reportando a Londres y coordinando equipos internacionales. Hacía evaluación heurística, tests de usabilidad, cardsorting y arquitectura de información cuando esos términos no existían en español.
De ahí pasé a Banesto, en el Grupo Santander. Trabajé en el diseño y la arquitectura de su intranet corporativa. En 2005 esa intranet recibió la mención de Nielsen Norman Group como una de las mejores del mundo en su estudio anual. Para quien no conozca a Nielsen Norman, es el estándar global de usabilidad. No es un diploma de asistencia.
Lo cuento no para presumir, sino porque tiene que ver con lo que hago ahora. En aquellos años aprendí algo que sigo aplicando a diario: la tecnología solo funciona si la persona que está delante la entiende. Da igual lo potente que sea el sistema si el usuario se pierde, se frustra o no sabe por dónde empezar. Eso era verdad para las intranets en 2003 y es verdad para la IA en 2026.
PersonasWIP: un e-commerce con propósito
En 2011, después de unos años como consultora freelance entre Madrid, Lausanne y Galicia, fundé PersonasWIP: un e-commerce de productos terapéuticos y adaptados para personas con circunstancias especiales. Material educativo, productos de autonomía personal, recursos para cuidadores y profesionales. Mayorista para toda España, minorista y online. Distribuidora de marcas internacionales.
PersonasWIP sigue activa después de 14 años. No ha sido fácil — ser autónoma nunca lo es — pero me dio algo que ningún empleo por cuenta ajena me había dado: la experiencia completa de gestionar un negocio digital de principio a fin. Catálogo, logística, PrestaShop, SEO, atención al cliente, proveedores, márgenes, campañas. Todo. Cuando ahora trabajo con pymes y les digo que entiendo sus problemas, no es empatía teórica. Es que he pasado por lo mismo.
También durante esos años trabajé para la Xunta de Galicia diseñando contenidos formativos para cuidadores no profesionales: guías sobre demencias, enfermedad mental, cuidado de menores en situación de dependencia. Material didáctico real, publicado, pensado para que personas sin formación sanitaria pudieran entender y aplicar lo que necesitaban. Hacer accesible lo complejo. Otra vez.
Diciembre de 2022
Siempre he sido de leer novedades, probar herramientas, enterarme de lo último. Es algo que no puedo evitar. Así que cuando apareció ChatGPT, lo probé el mismo mes. Y reconocí la sensación al instante: era la misma que tuve en 1996 cuando vi mi primera página web. La certeza de que aquello iba a cambiarlo todo.
Hice lo de siempre: meterme a fondo. Tutoriales, cursos, vídeos, un máster de IA para SEO, programas especializados. Pero no solo para aprender. También para ver qué hacía la competencia, detectar qué funcionaba y qué no, y decidir cómo podía hacerlo mejor. Curso que encuentro, curso que analizo. Es deformación profesional.
Y lo que encontré me molestó. Mucho.
Lo que vi y lo que no me gustó
Vi cursos de IA que eran catálogos de herramientas: «mira esto, ahora mira esto otro, esto también mola». Sin método, sin criterio, sin enseñar a pensar. Vi formaciones donde los prompts eran frases de dos líneas copiadas de internet que no funcionan en cuanto cambias de sector. Vi mucho hype, mucha promesa de «automatiza tu negocio en 5 minutos» y muy poco pensamiento crítico sobre dónde la IA aporta y dónde mete ruido.
También vi algo que me preocupa más: en España no hay conciencia real de lo que viene. No encuentro formación ni información seria en la televisión pública. Los políticos apenas hablan de ello. Y sin embargo, la IA va a transformar la forma de trabajar, la educación, los puestos de trabajo, las empresas enteras. No en diez años. Ya está pasando.
Así que decidí hacer lo que sé hacer: abrir puertas. Igual que en 1996, cuando internet era «eso que suena a ciencia ficción». Igual que cuando diseñaba interfaces para que la gente no se perdiera en una intranet. Igual que cuando escribía guías de cuidados para que familias sin formación médica pudieran cuidar mejor a los suyos. Hacer accesible lo complejo. Siempre ha sido lo mismo.
Lo que es ON3GA hoy
ON3GA es consultoría y formación en IA para empresas. Trabajo con equipos reales sobre problemas reales de su sector. No doy charlas motivacionales sobre el futuro de la IA. Diseño sistemas formativos donde cada módulo produce un entregable que el equipo reutiliza después, donde los ejercicios son con datos del cliente, y donde los prompts siguen un estándar profesional de cinco elementos porque los prompts de dos líneas no funcionan en un contexto empresarial.
He formado al equipo de marketing de una agencia gallega del sector pesquero. Construyeron un sistema completo de producción de contenido con IA durante el propio curso — de 6-8 horas por pieza a menos de una. He formado al equipo multidepartamental de una consultora de +15 personas en IA para productividad y gestión de proyectos, incluyendo la evaluación de si les convenía ChatGPT Teams o Microsoft Copilot. Doy charlas y talleres para asociaciones del sector eléctrico. Trabajo con empresas de educación, de consultoría, de servicios profesionales.
Y sí, tengo 57 años, soy autónoma, trabajo desde casa, cuido de mi familia y hay días en los que me siento impostora. Pero luego entro a un aula — física o virtual — y veo cómo alguien entiende por primera vez lo que la IA puede hacer por su trabajo. Esa cara. Ese momento. Eso es lo que me confirma que estoy donde tengo que estar.
Al final, la historia es sencilla. He pasado 25 años haciendo lo mismo con herramientas diferentes: enseñar a personas y empresas a usar la tecnología sin miedo, con criterio y con resultados. Antes eran páginas web, intranets y tiendas online. Ahora es inteligencia artificial. El método no ha cambiado. La misión tampoco.
Si quieres saber cómo trabajo y qué puedo hacer por tu equipo, la forma más fácil es escribirme. Sin compromiso, sin pitch de ventas. Me cuentas tu situación y te digo con honestidad si puedo ayudarte o no.

