Voy a empezar con una confesión: soy una enchufada. Literalmente. Mi padre ha sido electricista toda su vida. Mi hermano es electricista. Dos de mis tíos, electricistas. He crecido entre cuadros eléctricos, rollos de cable y conversaciones sobre secciones, diferenciales y el REBT. Así que cuando trabajo con profesionales del sector eléctrico, no lo hago desde la distancia de quien da una charla sobre tecnología. Lo hago desde el cariño y el respeto de quien conoce el oficio de cerca.
Dicho esto, en una charla que di para ASINEC, antes de abrir las slides, hice la pregunta que siempre hago al empezar: «¿Qué es para vosotros la inteligencia artificial?»
Un señor del fondo me contestó sin dudarlo: «Eso me suena a chino». Y no se refería a que no lo entendía. Se refería literalmente a que le sonaba a algo que venía de China. De Asia. De lejos.
Me encantó la honestidad. Y me di cuenta de que si empezaba hablando de modelos de lenguaje y redes neuronales, perdía a la mitad de la sala en el primer minuto.
Esa jornada me enseñó algo que llevo aplicando desde entonces en cada formación con profesionales del sector eléctrico: da igual lo potente que sea la herramienta si no empiezas por el principio de verdad. Y el principio no es la IA. El principio es entender qué problema concreto tiene la persona que tienes delante.
Lo que me encontré en la sala
El grupo de ASINEC era un reflejo bastante fiel de lo que veo en el sector eléctrico en general. Había tres perfiles muy claros.
El primero, mayoritario: profesionales que no habían usado IA nunca. Ni ChatGPT, ni nada. Sabían que existía, habían oído hablar de ella, pero no la habían probado. Y tenían una convicción que se repetía: «La IA no sabe de electricidad. Eso será para oficinas.»
El segundo: gente que sí la había probado, pero de una forma muy concreta. Hacían una pregunta suelta a ChatGPT — en la versión gratuita, sin registro, sin contexto — y si la respuesta no era buena a la primera, cerraban la pestaña y concluían que no servía. No habían llegado a entender que eso es una conversación, no un buscador. Que puedes decirle «no, me refiero a baja tensión» o «dame más detalle sobre la ITC-BT-25» y la respuesta mejora.
El tercero, muy minoritario: alguno que ya lo usaba para cosas concretas del día a día. Consultas de normativa, listas de materiales, presupuestos. Pero sin método, sin sistema, cada uno por su cuenta.
La sorpresa: la IA sí sabe de electricidad
El momento que cambió la energía de la sala fue cuando hicimos la primera prueba en directo. Le pedí a ChatGPT que analizara un caso concreto de instalación, con requisitos del REBT, y que explicara qué normativa aplicaba y por qué.
La respuesta no fue perfecta — nunca lo es, y eso es importante decirlo — pero fue lo bastante buena como para que varios asistentes se quedaran mirando la pantalla con cara de «¿esto de verdad sabe todo eso?»
Y sí, la IA sabe bastante de electricidad. Conoce el REBT, las ITCs, los requisitos de instalación para distintos tipos de locales, las secciones de cable según carga, las normativas de eficiencia energética. No lo sabe todo, y a veces se equivoca en detalles que un profesional detecta al instante. Pero como punto de partida, como primer borrador, como herramienta de consulta rápida, es mucho más útil de lo que la mayoría del sector cree.
Lo que no puede hacer — y esto hay que decirlo con la misma claridad — es sustituir el criterio de un profesional con experiencia. La IA no ha estado nunca delante de un cuadro eléctrico real con cables que no coinciden con el plano. No sabe que el cliente te dice una cosa y luego quiere otra. No tiene los 20 años de oficio que te permiten oler que algo no cuadra antes de medirlo. Eso sigue siendo tuyo.
Para qué sirve de verdad la IA en el trabajo diario de un electricista
Después de las jornadas de ASINEC y de trabajar con profesionales y empresas del sector eléctrico, tengo bastante claro dónde la IA aporta de verdad y dónde no merece la pena.
Consultas de normativa
Esto es probablemente el uso más inmediato y el que más tiempo ahorra. En lugar de buscar en documentos extensos o esperar a que alguien te confirme un dato, puedes preguntarle a la IA: «¿Qué sección de cable necesito para una instalación trifásica de 25 kW a 30 metros en tubo empotrado?» o «¿Qué dice la ITC-BT-25 sobre tomas de corriente en baños?»
La clave que muchos no entienden al principio es que no se trata de hacer una pregunta y aceptar lo que salga. Se trata de conversar. Si la primera respuesta no es exacta, le dices: «Estoy hablando de una vivienda unifamiliar, no de un local comercial». Y la respuesta mejora. Si le das contexto — tipo de instalación, potencia, distancia, condiciones del entorno — el resultado es mucho más preciso.
Pero ojo: siempre verificar. La IA a veces mezcla ediciones de normativa o no distingue bien entre requisitos nacionales y autonómicos. No es tu fuente definitiva. Es tu primer borrador que luego tú validas.
Diagnóstico y resolución de problemas
Esto es lo que más impresionó en ASINEC. Le puedes describir un problema — «tengo un diferencial que salta intermitentemente en un local con maquinaria industrial» — y la IA te da una lista de posibles causas ordenadas por probabilidad, con las comprobaciones que deberías hacer en cada caso.
No sustituye tu diagnóstico en campo. Pero es como tener a un compañero al lado al que le cuentas el caso y te ayuda a pensar. A veces te sugiere algo que no habías considerado.
Incluso le puedes mandar una foto de un cuadro eléctrico con la app de ChatGPT y pedirle que identifique posibles problemas visibles: cables con señales de sobrecalentamiento, conexiones sueltas, componentes fuera de lugar. No siempre acierta, pero cuando lo hace, te ahorra tiempo de inspección visual. En las charlas hemos probado esto en directo — subir fotos de paneles, etiquetas técnicas de equipos, diagramas de conexión — y la IA es capaz de interpretar bastante más de lo que la gente espera.
Presupuestos y documentación
Montar un presupuesto detallado, redactar un informe de instalación o preparar la documentación para un certificado lleva tiempo. La IA puede generar borradores bastante completos si le das los datos: tipo de trabajo, materiales, mediciones, condiciones.
No te va a dar el precio de los materiales actualizado al día — para eso necesitas tu proveedor o tu base de datos — pero sí te estructura el documento, te lista las partidas, y te ahorra la parte más tediosa que es empezar con la hoja en blanco. También funciona muy bien para generar listas de verificación personalizadas antes de cerrar un trabajo: le describes el tipo de instalación y te devuelve un checklist de puntos a revisar según la normativa aplicable.
Traducción de documentación técnica
Este es un uso que no parece importante hasta que lo necesitas. Un manual de un fabricante en inglés o en alemán, las especificaciones técnicas de un equipo importado, una ficha de datos de seguridad en otro idioma. Antes tenías que buscar un traductor o pelear con Google Translate. Ahora le pasas el texto a la IA y te devuelve una traducción que entiende el contexto técnico: sabe que «ground wire» es el conductor de tierra, no un «cable de suelo».
Incluso puedes hacerle una foto a la placa de características de un motor o un transformador, y la IA te explica los valores: voltaje, potencia, eficiencia, tipo de conexión. Para quien trabaja con equipos de distintos fabricantes internacionales, esto es un ahorro de tiempo muy concreto.
Formación y actualización
Varios asistentes me comentaron que les cuesta mantenerse al día con los cambios normativos, las nuevas tecnologías — fotovoltaica, puntos de recarga, domótica — y las actualizaciones del sector. La IA es una forma rápida de ponerse al día: «Resúmeme los cambios principales de la última actualización del REBT» o «¿Qué necesito saber para instalar un punto de recarga de vehículo eléctrico en una comunidad de vecinos?»
No sustituye la formación reglada ni la preparación para certificaciones. Pero como herramienta de consulta rápida para el día a día, funciona.
Los tres errores que veo siempre
Preguntar una vez y rendirse
Este es el más común y el que más me costó explicar en ASINEC. La IA no es Google. No le haces una búsqueda y te da un resultado. Es una conversación. Si la primera respuesta no es buena, no cierras la ventana. Le dices qué falta, qué sobra, qué contexto necesita. La segunda respuesta será mejor. La tercera, mejor todavía.
El profesional que me dijo «le pregunté y me contestó mal, así que no sirve» estaba usando un teléfono como si fuera un walkie-talkie: hablaba una vez y esperaba que la otra parte lo entendiera todo. Pero esto es un diálogo.
No dar contexto
Preguntar «¿qué cable uso?» es como llamar a un proveedor y decirle «necesito cable». Sin sección, sin distancia, sin tipo de instalación, sin potencia, la respuesta va a ser genérica e inútil.
Cuanto más contexto le des a la IA, mejor resultado obtienes. «Soy instalador eléctrico en Galicia. Necesito saber la sección de cable adecuada para alimentar un cuadro secundario a 25 metros, instalación monofásica, 40A, en tubo corrugado empotrado en pared.» Eso produce una respuesta que merece la pena.
Fiarse sin verificar
El error contrario al primero. Hay gente que, una vez que descubre que la IA sabe de electricidad, se fía de todo lo que dice. Y eso es peligroso, especialmente en un sector donde un error puede tener consecuencias de seguridad.
La regla es simple: la IA te da un punto de partida. Tú verificas. Siempre. Si un dato normativo no te cuadra, lo compruebas en la fuente oficial. Si un cálculo te parece raro, lo revisas. La IA es tu ayudante, no tu responsable técnico.
Por dónde empezar si no has probado nunca
Tres pasos. Sin inversión. Esta misma semana.
Descárgate la app de ChatGPT en el móvil. La versión gratuita es suficiente para probar. Puedes hablarle por voz, escribirle, o mandarle fotos. No necesitas más para empezar.
Elige un caso real que tengas encima de la mesa. Una consulta normativa que tengas pendiente, un presupuesto que debas redactar, un problema que estés diagnosticando. Algo concreto de tu trabajo, no un experimento abstracto. Prueba a pedirle ayuda con eso, dándole todo el contexto que puedas.
Conversa, no preguntes. Si la primera respuesta no te convence, dile por qué. «No, me refiero a baja tensión, no a media.» «El local es un taller mecánico, no una vivienda.» «Dame la referencia normativa concreta.» Cada mensaje mejora el resultado.
Si después de eso ves que te ahorra tiempo y te resulta útil, entonces tiene sentido plantearse la versión de pago, un GPT personalizado con la normativa de tu sector, o una formación más estructurada. Pero no antes de probarlo con un caso real.
Trabajo con empresas y asociaciones del sector eléctrico desde hace tiempo — ASINEC, APIEL, Enerxetika, entre otros. Y sí, soy una auténtica enchufada: llevo toda la vida rodeada de electricistas en casa. Si quieres ver cómo funciona la IA aplicada a tu trabajo concreto, puedes escribirme y te cuento qué opciones hay, desde una charla para tu equipo hasta una formación práctica con casos reales de tu sector.


